viernes, 17 de diciembre de 2010

Brasil también va por su ley de medios

Pasadas ya las elecciones en el vecino país y ya consagrada Dilma Rouseff como la primera presidente mujer en la historia de Brasil, se viene una pelea de fondo que puede ser tan difícil y compleja como la que vivimos los argentinos: existe un proyecto que busca limitar el poder monopólico de la prensa brasileña.
El mapa mediático brasileño tiene grandes diferencias con el nuestro y también algunas similitudes. A diferencia de la Argentina, en Brasil tiene un gran predicamento la prensa regional, es decir que en San Pablo dominan determinados medios y en Río de Janeiro otros. Sin embargo, y aquí es donde comienzan las coincidencias, hay un gran poder monopólico que trasciende las fronteras interiores y que está encabezado por la Red O Globo, medio fundado por la familia Marinho, de gran crecimiento durante los sucesivos gobiernos militares y de decisiva influencia en el retorno de la democracia. Tanto predicamento tuvo que creó un presidente de la nada, como Fernando Collor de Melo que era tan mediocre y corrupto que no pudo sostener su poder allá por los 90.
Es durante el mandato del presidente Lula cuando los brasileños comienzan a sufrir el poder de la prensa concentrada. Los medios encabezados por O Globo no se comportaron como fiscales ni controladores del poder sino que se constituyeron en un partido político más, buscando horadar la base electoral de Lula Da Silva, un líder popular que incomodó siempre a varios factores de poder brasileño. Fue tan eficaz la política social del mandatario saliente, que la embestida mediática no logró el éxito deseado aunque logró que tanto Lula como Dilma Roussef debieran revalidar sus victorias en segunda vuelta.
Pese a esta situación, el gobierno de Lula no avanzó contra el poder mediático y eligió convivir por él. Pero, ya sobre el final de su mandato, y tal vez inspirado por el ejemplo argentino, el gobierno brasileño comenzó a analizar la posibilidad de presentar un proyecto de ley para los medios electrónicos que tiene la finalidad de alentar la participación de los ciudadanos para que el discurso único mediático pierda vigencia.
Por supuesto que los líderes de los medios no tardaron en salir con los tapones de punta a rechazar este proyecto. Con el argumento de un supuesto ataque a la libertad de prensa, las asociaciones patronales pidieron mantener la actual situación. La polémica se instaló fuerte durante la campaña electoral, pero la candidata oficialista, ahora presidenta, prefirió patear el tema para adelante y bajó la temperatura del debate.
Ya que el tema se instale en la sociedad brasileña es un gran triunfo de la comunicación democrática no sólo de Brasil sino de todo el continente. Los medios alternativos y los blogueros del vecino país esperan con ansia el debate y están dispuestos a ofrecer la misma lucha que ya vivimos en la Argentina. Ahora falta saber si la nueva presidenta tendrá el coraje de impulsar el debate o elige diferir el tema hasta que sienta su poder consolidado. No es fácil avanzar en un proyecto frente a una situación donde pocos propietarios son dueños de los principales medios regionales y nacionales. Pero la sociedad brasileña se merece el debate y debe exigir que se respete una opinión que no esté condicionada por los intereses económicos y políticos de los principales medios de comunicación.

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